4- APROXIMACIÓN A LAS BASES DE SUBSISTENCIA




En primer lugar, hemos tratado de acercarnos a las estrategias económicas de estas comunidades a partir de la documentación extraída de las diferentes intervenciones realizadas en el interior de algunos de estos yacimientos, cuyas evidencias directas e indirectas serán posteriormente contrastadas e integradas con los resultados obtenidos del análisis de los recursos que eran potencialmente explotables.
AgriculturaEn lo referente a las prácticas agrícolas, únicamente se ha documentado mediante análisis directo de residuos microscópicos variedades desnudas de cereal, cebada (Hordeum vulgare L.), trigo (Triticum sp.), escanda (Triticum turgidum sp. diococcum) y esprilla, en el asentamiento del siglo VII a.n.e. de El Solejón en Hinojosa del Campo (Tarancón et al.,1998, 96).
En consonancia con las condiciones edafológicas y agroclimáticas que presentan los aledaños de los castros y con la documentación extraída en otras regiones cercanas, pensamos que fueron las especies cultivadas mayoritarias, dado que por su menor exigencia germinaban con mayor facilidad sin necesidad de llevar a cabo grandes inversiones de energía y tecnología, quedando ausentes otra serie de taxones como el mijo, el centeno, la avena o el haba, que tampoco aparecerán durante la II Edad del Hierro, etapa que apenas evidencia variaciones respecto a las especies detectadas para este momento.
Los medios técnicos que se evidencian para el laboreo de la tierra reflejan la continuidad en el uso del utillaje tradicional, constituido básicamente por azadas, hachas, cuchillos y hoces de bronce, piedra pulimentada o sílex (Cerro de la Campana, Castro del Zarranzano, Castillejo de las Espinillas), herramientas que sugieren un proceso agrícola desarrollado mediante labores de azada, sistema que podía llegar a ser más provechosas que el arado en los terrenos altos inmediatos a los poblados, donde presumimos que tuvieron lugar estas actividades, ya que aquí el drenaje y la aireación de la tierra es más fácil que en el fondo del valle sin la necesidad de realizar surcos profundos.
En este sentido, intuimos que el empleo de layas pudo haber jugado un importante papel, a pesar de no haber constatado ningún ejemplar en nuestra zona de estudio, quizás como consecuencia de la refundición a la que se vieron sometidos por su facilidad de fragmentación en los trabajos agrarios, tal y como sugieren Ruiz y Fernández, (1985, 377) en relación con el molde de fundición realizado para la confección de este artefacto documentado en El Puntal (Lérida) y a partir de las evidencias de fabricación de objetos de bronce mediante estas técnicas en el supuesto horno del Castillo de El Royo (Eiroa, 1984, 181-193).
En cuanto al procesado de alimentos, contamos con algunos hallazgos de molinos barquiformes, como los de la Torrecilla de Valdegeña, Castillejo de Fuensaúco o el Castro del Zarranzano , con la constatación de procesos de limpieza, trillado, aventado y descascarillado del grano para la obtención de harinas (ausencia de espigas, tallos o segmentos de raquis de las muestras de El Solejón) y con la secuencia completa de procesos de malteado de cereal en este último yacimiento (Tarancón et al, 1998, 97), garantizando su conservación y durabilidad para la ingesta en forma de cerveza o caelia.

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