6.1- ORGANIZACIÓN INTERNA

Respecto a las formas de organización interna de cada poblado, teniendo en cuenta que no contamos con excavaciones en extensión, partimos de la siguiente secuencia cronológica:
1) Fase constatada en los yacimientos de El Castillejo de Fuensaúco y El Solejón, encuadrada en torno al siglo VII a.n.e, caracterizada por presentar un urbanismo desordenado compuesto por cabañas de tendencia oval y estructuras endebles a base de postes de madera, entramados vegetales, adobes o manteados de barro, con hogares al interior (también al exterior), junto con bancos corridos y/o vasares, dotados posiblemente de alguna estructura externa que pudo funcionar a modo de pequeño almacén familiar (Romero y Misiego, 1995a, 132).

2) Fase correspondiente a la plenitud de la ocupación castreña (siglos VI-V a.n.e.), caracterizada por presentar los primeros intentos de ordenación del espacio interno, con unidades de ocupación más sólidas y grandes que las detectadas en la fase anterior. Conviven plantas rectangulares realizadas en mampostería de piedra en su base y posiblemente alzados de adobes o tapial con cubiertas vegetales (Castillejo de Fuensaúco, Castro del Zarranzano, Hinojosa de la Sierra?, El Espino?, Cubo de la Solana, Valdeavellano de Tera? y Castillejo de Taniñe), con estructuras de tendencia circular (Valdeavellano de Tera, Fuensaúco, horno de El Royo y Castro del Zarranzano, sustituyendo a una estructura angulosa en éste último), quedando aisladas entre sí.



3) Fase detectada a partir de finales del siglo V e inicios del IV a.n.e., donde se constata una gran transformación del espacio interno, organizado ahora de forma ordenada con estructuras rectilíneas homogéneas, cuadrangulares o rectangulares, adosadas entre sí y dispuestas perimetralmente en torno a un espacio común abierto que facilita la circulación (Castillejo de Fuensaúco, Pozalmuro, Castellar de Arévalo de la Sierra, El Castillo de TaniñeLos Villares de Ventosa de la Sierra), modelo de “poblados cerrados” extendido desde el Valle del Ebro.
De tan escasos datos, únicamente podemos entrever como gradualmente lo colectivo empieza a ganar terreno adoptando un nivel de complejidad mayor, aunque todavía durante los siglos VI y V a.n.e. no parece haberse superado del todo el cerrado grupo familiar de cada unidad de ocupación, como así sucede en la tercera fase, momento en el que se estandariza el sistema de poblamiento basado en el castro, que supondrá la adopción tardía y definitiva de dicho modelo expansivo que pone especial énfasis en el mantenimiento de la ”igualdad” interna de cada aldea, diluyendo por completo el individualismo de los primeros momentos a través de la drástica reducción y uniformización que sufren las unidades domésticas.
En un nivel de análisis mayor, advertimos que la homogeneidad morfológica entre asentamientos podría tener relación con la creación de cierto sistema social que determinase previamente la organización de la comunidad, limitando la expansión física y demográfica de cada aldea con el fin de evitar el surgimiento de relaciones de dependencia entre sí (murallas). Este hecho, en primera instancia, podría relacionarse con la capacidad de carga que podía sostener un hábitat en función de los recursos que se disponían en su entorno, cuestión que no se corresponde con la realidad detectada, ya que algunos asentamientos tienen mayores posibilidades productivas y sin embargo mantienen dicha equidad (extensiones entre 0,5 y 1 Ha. de media), de tal modo que este presunto factor limitador tendría mayor trascendencia social que económica.
Acorde con la supuesta ausencia de competencias por la tierra (análisis de territorio), podríamos sugerir que existiría cierta “negación del crecimiento” culturalmente fijada (Ortega, 1999, 434-436), que en el momento de producirse un exceso de población al cabo de varias generaciones, resolvería la posible crisis reduplicando el sistema, es decir, a partir de la fundación de un nuevo castro de características semejantes con el excedente demográfico sobrante, lo que se conoce como segmentación espacial.Consecuentemente, se irían habitando las tierras más cercanas, creando nuevas agrupaciones que establecerían relaciones de solidaridad y cooperación con sus aldeas de procedencia (nunca de dependencia), favoreciendo a su vez la correlación entre recursos y población, la minimización de las competencias vecinales y la proyección hacia el exterior de aquellos grupos con afán de acumulación de poder.