BIENVENIDOS A LA PELENDONIA, DONDE PARECE QUE LAS ROCAS SUEÑAN

El objetivo principal de este blog desde su creación, hace ya algunos años, ha sido dar a conocer la "Cultura Castreña Soriana" desarrollada durante la Primera Edad del Hierro (siglos VII-IV a.C.) al poniente de las montañas que los geógrafos de la Antigüedad denominaron como Idubeda, y nosotros Sistema Ibérico, en la actual provincia de Soria.
Esta cultura, definida por Blas Taracena durante la primera mitad del siglo XX, ha venido relacionándose con los pelendones que mencionan las fuentes escritas grecorromanas, quedando incluidos como una etnia más dentro del conglomerado de pueblos que formasen parte de los celtíberos. Si bien, las citas que ofrecen Plinio, Estrabón y posiblemente Tito Livio son muy escuetas y resultan confusas y contradictorias, además de estar alejadas en el tiempo varios siglos, por lo que su vinculación con los castros sorianos supone hoy día un acto de atrevimiento, y más teniendo en cuenta la parquedad de datos de campo con los que contamos para su estudio.

Cuestiones étnicas aparte, lo cierto es que el desarrollo de los castros de la serranía norte de Soria durante la Primera Edad del Hierro supone la primera forma de poblamiento estable en la región.

Para su definición tendremos que tener en cuenta los siguientes elementos arqueológicos: 

Sus emplazamientos estratégicos, fijados en lugares de fácil defensa debido a sus óptimas condiciones naturales: espolones, espigones fluviales, escarpes, colinas o laderas, con una altitud media de 1200 m. sobre el nivel del mar.


  • Sus dimensiones reducidas, siendo la superficie total de cada castro inferior a una hectárea, erigiendo construcciones defensivas en las zonas que no están protegidas por las condiciones naturales.
    En cuanto a sus defensas, la mayoría de los asentamientos quedan fortificados con una única línea de muralla formada por piedras de careo natural asentadas en seco, protegiendo así el flanco más accesible al recinto, además de aprovechar para su trazado las afloraciones rocosas. Las puertas de acceso son difíciles de documentar, consistiendo en simples interrupciones en el trazado de la muralla o en uno de los extremos junto a un cortado.

    La existencia de posibles torreones queda constatado por el aumento en los derrumbes de determinadas zonas del trazado de la muralla, destacando el caso de Valdeavellano de Tera con cinco torres de planta circular adosadas a ésta.
    Otro elemento característico de estos castros serían las piedras hincadas o chevaux-de-frise, sistema defensivo que consiste en colocar series de piedras aguzadas de aristas cortantes hincadas en el suelo, sobresaliendo entre 0,30 y 0,60m. en la zona más vulnerable del castro, por lo que no siempre acompañarían a la muralla en su recorrido.

      Además, la presencia de fosos podría quedar atestiguada en alguno de estos enclaves a partir de la observación de una ligera depresión, que bien pudiera ser fruto de la extracción de material en estas zonas con vistas a la realización de diversas construcciones.
    Por último, habría que tener en cuenta su urbanismo, aspecto quizás menos conocido debido a las dificultades de detección que implica su mera prospección, lo que suscitó que muchos investigadores supusieran que la arquitectura doméstica estuviera constituida por simples cabañas efímeras, considerando que las construcciones de mampostería habrían comenzado a emplearse en un momento avanzado de la Edad del Hierro. No obstante, los escasos trabajos arqueológicos llevados a cabo en el interior de estos castros, han dado a conocer diferentes tipos de plantas de habitación con formas rectangulares y circulares.

    Dejando al margen los aspectos meramente descriptivos, me he propuesto dar un nuevo enfoque al blog y continuar con el estudio de estas comunidades humanas que la memoria del tiempo ha borrado casi por completo, conservando únicamente, por un lado, el apelativo de pelendones con el que fueron designados por forasteros llegados desde muy lejos, y por otro, la solidez de sus gruesas murallas, hoy derruidas y amontonadas en el silencio, sin perder por ello la esperanza de algún día ser recordadas. Para ello, se irán incorporando artículos propios y comentados de otros autores, novedades sobre su investigación y otros temas relacionados con el mundo celta, celtibérico y soriano, sin obviar el amplio abanico de posibilidades que se nos abre con el estudio de las tradiciones populares de los pueblos que hoy día ocupan este y otros lugares, nuestras "otras hierbas", lo que nos ayudará a humanizar y a dibujar a grandes rasgos, el rostro de estas gentes tan remotas.
    Iniciemos ya nuestro viaje virtual a la noche de tiempos, donde transitaremos por colinas plateadas, grises alcores y cárdenas roquedas, siguiendo al Duero hasta verle trazar su curva ballesta, para finalmente penetrar en los místicos y guerreros campos de Soria, donde parece que las rocas sueñan.

1 comentario:

Castro Moro dijo...

Precioso blog, ¡Enhorabuena!